A las cinco de la mañana, el cielo seguía oscuro. Veronica se despertó por la vibración de su móvil en la mesilla de noche. Sus ojos, aún entrecerrados, se abrieron del todo al reconocer aquel número desconocido que ya había aparecido varias veces. Sin dudar, lo tomó.
Sin despertar a Carlos, que dormía profundamente, se deslizó hasta el baño. Cerró la puerta con llave y abrió la ducha para disimular el sonido. Con voz baja, casi en un susurro, contestó la llamada.
—Sí… todo va según lo planeado