Esa misma noche, daryl abandonó la casa. su cuerpo seguía ardiendo, el sudor corría abundante por sus sienes. respiraba entrecortado, y sus dedos se aferraban al volante con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
—¿por qué, alicia…? ¿por qué tenías que hacerme esto? —murmuró con la voz rota.
el coche se detuvo por fin frente al apartamento de lilian. sin pensarlo, bajó de un salto y avanzó a grandes zancadas, el rostro desencajado. golpeó la puerta una y otra vez, con tanta fuerz