A las ocho de la noche, la casa parecía silenciosa desde el exterior. Aurora ya había terminado de jugar un rato antes de irse a dormir. Alicia, con el rostro sereno, escondía en su interior una inquietud que no lograba apagar. En la cocina, permaneció largo rato contemplando un vaso de zumo recién servido. En su mano derecha apretaba una pequeña cápsula que había guardado cuidadosamente en el cajón.
—Es la única manera —murmuró en voz baja, como un secreto destinado solo a sus oídos.
Con sumo