Lilian despertó lentamente. Su visión seguía borrosa, la cabeza pesada. Un tenue aroma a antiséptico, mezclado con el perfume masculino, llenaba sus sentidos. Cuando su conciencia empezó a despejarse, sintió algo cálido rozando su mejilla.
Por reflejo, abrió los ojos.
Carlos estaba allí, inclinado tan cerca que su respiración se sentía en la piel de Lilian. Sus labios casi rozaban los de ella cuando Lilian, instintivamente, apartó el rostro.<