Margaret dio un paso al frente, esbozando una sonrisa apenas con la comisura de sus labios.
—Buenas tardes caballeros. —miró a Ernesto. —Padre, lamento la interrupción, pero me parece importante estar presente.
Ernesto fue hacia ella.
—increíble que estés aquí.
—Por cierto padre, lamento mucho lo sucedido con tu hija Lorain, mis condolencias.
Ernesto se puso rojo de la ira, y no pronunció ni una sola palabra. Elize colocó una carpeta en cada uno de los puestos de los accionistas, mientras Marg