Los días siguientes transcurrieron en calma, Margaret estaba de siento en la compañía. Desde el momento en que ocupó oficialmente la oficina principal, todo comenzó a moverse a un ritmo diferente. La empresa —esa maquinaria que durante años había sufrido decisiones impulsivas y favoritismos internos— parecía finalmente alinearse bajo su voluntad.
Cada mañana, al entrar a su oficina, encontraba informes ordenados, agendas listas y un equipo que, aunque aún nervioso, había comenzado a respetarla