CAPÍTULO 90

Margaret se inclinó suavemente hacia su bebé, depositando un beso cálido en su pequeña frente. La niña aún dormía plácida, ajena a los miedos y turbulencias del mundo exterior. Margaret suspiró, dejando que por un instante la tranquilidad llenara el espacio entre ellas. A su espalda, su madre se acercó, abrazándola con fuerza.

—Puedes estar tranquila, mi niña. Voy a cuidar de Celeste, como cuide de ti.

El gesto de su madre le permitió a Margaret soltar un poco de la tensión que llevaba semanas
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