En cuanto Lucien cruzó la puerta, Marcus —el corpulento— empujó sin miramientos a la mujer que tenía sentada en su regazo y se puso de pie de inmediato.
Lo abrazó con tanta fuerza que casi le crujieron los huesos.
—¡Por fin apareces, desgraciado! —gruñó—. Te tardaste una eternidad. En tu ausencia han salido tipos bastante inquietos… y no precisamente amigos.
Lucien asintió con serenidad.
—Lo sé. Ya estoy al tanto.
Mientras hablaba, tomó uno de los documentos de la mesa.
—Adrien finge venir a expandir sus negocios, pero lo vi antes en el casino Black Hound. Entró directo a la oficina del administrador. —Le dio un golpecito al papel—. Ya hice mis averiguaciones. Hay demasiados vínculos con Antonio y su organización… todos en la misma ciudad.
El hombre de gafas, que no había intervenido hasta ese momento, cerró la laptop de golpe. Su tono fue tan frío como su mirada.
—Sus subordinados han intentado buscar tu información varias veces esta semana —advirtió—. Nuestra defensa sigue funciona