El cuerpo de Margaret llegó a la sala de emergencias inconsciente, con la cabeza ladeada y la piel tan pálida que parecía no quedarle ni una gota de sangre. Los médicos gritaban órdenes mientras la camilla se alejaba a toda prisa, pero ninguna de esas voces pudo tapar el golpe seco del corazón de Lucien cuando llegó corriendo al pasillo y vio cómo la arrastraban hacia el quirófano.
—¿Qué le pasó? ¡¿Qué diablos le pasó?! —rugió, tratando de alcanzar la camilla, pero un médico lo detuvo.
—Señor, ¡retroceda! Está en estado crítico. La paciente está en coma.
Adrien llegó segundos después, respirando con dificultad.
—¿Dónde está? —exigió—. ¡¿Dónde está Margaret?!
Cuando vio la puerta cerrarse, se quedó paralizado. En ese momento nadie les dio respuesta alguna.
Lucien apoyó una mano en la pared, como si necesitara sostenerse para no desplomarse. Algo en su interior se rompió al verla. Él aún no sabía todo… pero una intuición brutal ya le había perforado el pecho.
La cuidadora de Shaira lleg