Brandon llegó a la entrada del hospital sin haber pronunciado una sola palabra durante todo el trayecto. Seguía con las manos cerradas sobre sus rodillas, intentando disimular el temblor que le recorría los dedos. Desde que Lucien le informó que Shaira había sido trasladada allí, no había podido pensar en otra cosa. Durante días, Margaret lo había mantenido lejos con la misma excusa: Shaira no quiere verte.
Pero él no podía creerlo. Si es que él había logrado demostrar su inocencia, como era que Shaira no quería verlo.
A su lado, en el asiento del copiloto, Lorain se retocaba el labial con un esmero demasiado calculado.
—Te dije que debía venir contigo —comentó, como si fuera la única que sabía qué hacer—. Puedo testificar a tu favor, Brandon. Puedo decirle a Shaira que tú no tuviste nada que ver con todo esto. Además… quiero explicarle que yo jamás ordené el secuestro. Si ella entiende eso, quizá convenza a Margaret de retirar esa demanda absurda.
Él no respondió. No lo había hecho