Lucien se quedó inmóvil. Las palabras de Margaret habían caído sobre él como una bofetada silenciosa, una de esas que no se escuchan pero dejan marcas profundas. Negó despacio, casi sin poder pronunciar palabra.
—Nunca traicione mi matrimonio—dijo con firmeza—. Nunca te he sido infiel, y ahora tampoco traicionaré a Lorain.
El ambiente se congeló. Margaret sostuvo la mirada sin parpadear, como si quisiera que esas palabras la atravesaran sin hacerle daño, aunque sabía que no era posible.
Lucien