Margaret apenas pudo articular una palabra. La voz de Lucien había irrumpido como un golpe seco, y el aire parecía haber abandonado sus pulmones. Estaba a punto de negar lo evidente, de aclarar que Adrien solo era un conocido, pero algo en la mirada del hombre frente a ella la detuvo.
Lucien se giró bruscamente hacia él, y sus ojos se entrecerraron con un reconocimiento repentino.
—Tú eres Rousseau —dijo con tono bajo, cargado de ironía—. El hermano de Isadora.
Adrien sostuvo su mirada con cal