Un par de días después, Margaret estaba de pie frente al espejo de la tienda de vestidos de novia, intentando contener la emoción que le subía por el pecho cada vez que veía su reflejo.
El día de su boda se acercaba y los detalles que faltaban era casi ínfimos. Margaret estaba feliz, ni siquiera la primera vez que se casó con Lucien sintió tanta alegría como la que estaba experimentando en ese momento.
—No puedo creer que ya falte tan poco —murmuró, girando ligeramente sobre la pequeña platafor