Margaret subió al auto sin decir una sola palabra. Elize se acomodó a su lado y apenas cerró la puerta cuando un golpe seco contra el volante rompió el silencio.
—¡¡Maldita sea!!… —murmuró Margaret entre dientes, negando con la cabeza—. Yo sabía que esa mujer de la subasta era sospechosa, lo sentí desde el primer momento… pero jamás imaginé que se trataba de Lorain. ¿Cómo pude ser tan estúpida?
La rabia que tenía era como candela hirviendo en su interior, apretó los labios antes de seguir grit