El pasillo era largo, marcado por un silencio absoluto que lo hacía sentir terrorífico, era normal en un lugar con la presencia de Antonio, nada raro era que se sintiera tétrico. Margaret caminaba con la cabeza en alto, el sonido firme de sus tacones marcaba el ritmo de cada paso, mientras Lucien avanzaba a su lado con una tensión que apenas lograba disimular, muy al final del pasillo, una luz tenue apareció a través de la rendija de una puerta.
Un hombre abrió la puerta sin decir palabra y se