Pero su aparición llegó envuelta en rumores.
En cada rincón de la empresa se susurraba lo mismo: que el señor Ferrer había ido a recoger a la nueva CEO la noche anterior. Despertando la envidia de muchas de las empleadas del lugar, unas alababan lo afortunada que era, y otras más bien decían, que ella no era lo suficiente para él.
Lorain caminaba entre los pasillos con una sonrisa compuesta, saludando a cada grupo de empleados que bajaban la voz apenas la veían. Al cruzar miradas con Margaret,