Lucien y Margaret cruzaron la puerta del restaurante sin volver la vista atrás. Todavía, tomados de la mano caminaron en completo silencio hasta el parqueadero.
Lucien abrió la puerta del copiloto sin decir una sola palabra. El gesto fue automático, casi instintivo. Margaret lo miró apenas un segundo antes de subir al auto. Se acomodó en el asiento y recostó la cabeza contra el espaldar, cerrando los ojos por un instante. No estaba cansada físicamente, pero emocionalmente sentía que el día habí