La mañana siguiente llegó, y aun Lucien y Margaret esperaban la información sobre aquel hombre que fue capturado.
Celeste, sentada en su pequeña silla, golpeaba la bandeja con las manos mientras balbuceaba sonidos incomprensibles, Lucien revisaba en su computador las cámaras de seguridad asegurándose de que todo estaba seguro.
Mientras Margaret sostenía una cuchara con delicadeza, acercándola a la boca de la niña.
—Abre, mi amor… eso es —susurró con una sonrisa suave, limpiándole con el pulgar