Al día siguiente, la sala de reuniones de la organización estaba completa.
Todos los hombres de Lucien ocupaban sus lugares habituales. Nadie hablaba. Nadie cuestionaba. La presencia de Margaret ya no era novedad.
Gael fue el primero en romper el silencio.
—Ya está todo listo.
Se acercó a la cabecera y dejó una carpeta gruesa frente a ella.
Margaret la abrió con calma. Dentro, encontró documentos financieros, estructuras internas, contratos, registros de movimientos. Pasó las hojas con precis