—¿Elize ? —respondió con voz aún temblorosa.
—¡Señorita Margaret! —jadeó la asistente al otro lado de la línea—. Le juro que lo siento muchísimo. Estuve en reuniones toda la mañana, y cuando intenté llegar ya habían cerrado el acceso al auditorio. No imaginé que llegaría tan pronto, y mucho menos que sucedería algo como lo que pasó.
Margaret respiró profundo, intentando que su tono sonará sereno.
—No te preocupes, Elize . Ya me presentaron… a su manera —dijo, con una ironía que la asistente p