Lucien regresó del hospital pasada la medianoche.
Parqueó su auto como de costumbre, y subió al piso donde estaba el departamento de Margaret. Observó las ventanas, una por una, buscando alguna luz encendida, alguna señal de que ella aún estuviera despierta. No encontró nada. El departamento estaba completamente a oscuras.
Sintió un vacío seco en el pecho, una presión incómoda que no sabía cómo nombrar.
No tenía llaves del departamento. Nunca las había pedido, ni ella se las había ofrecido. Qui