CAPÍTULO 150

Era temprano ese domingo, y todo parecía ir en calma.

La luz apenas se filtraba por las cortinas cuando Lucien entró a la habitación y se sentó al borde de la cama. Se quedó unos segundos observando a Margaret, que dormía de lado, con el rostro sereno, ajena al mundo. Se inclinó con cuidado y depositó un beso lento en su espalda desnuda, y deslizó sus dedos por su espina dorsal, haciendo que se estremeciera.

Ella se movió un poco, y suspiró.

—¿Dormiste bien? —él preguntó él en voz baja.

—Como
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