Adrien se subió a su auto como alma que lleva el diablo, con los dedos crispados sobre el volante, respirando con dificultad. La rabia y los celos le carcomían el pecho. Había visto la escena con Margaret y Lucien en su propia casa, una imagen que no podía borrar. Margaret parecía diferente, más segura, más… alejada de él, y Lucien, con esa sonrisa masculina que lo enloquecía, abrazándola con una posesión que Adrien sabía que él jamás podría ofrecer.
Le dio dos golpes fuertes al volante antes