Esas últimas palabras fueron como un balde de agua fría para Lorain. La rabia se apoderó de ella, y sin pensarlo, se lanzó sobre Adrien y le dio una fuerte bofetada. Su mano golpeó con tal fuerza que el rostro del hombre se giró casi al otro lado, y un silencio tenso llenó la habitación.
—No seas atrevido —susurró Lorain, temblando apenas al ver cómo la expresión de Adrien se endurecía.
Él no dijo nada. Sus pasos fueron precisos y rápidos; se lanzó sobre ella, atrapando su mentón entre los dedo