Margaret empujó la puerta de la cafetería y respiró hondo. Estaba esperando con ansias ese momento. Ese día se lo había tomado libre, un lujo que rara vez se permitía, lo hizo solo para hablar con el investigador privado que había contratado para indagar sobre su pasado. La ansiedad la recorría de pies a cabeza, pero había decidido enfrentarlo: necesitaba las respuestas que su madre se había negado a darle.
—Gracias por verme —dijo mientras se acercaba a la mesa donde el hombre ya la esperaba,