Lucien estaba sentado en su departamento, recargado contra el respaldo del sillón, con una copa de whisky en la mano. Aprovechando el descanso de Margaret, él también decidió descansar, los últimos días la rutina con Celeste había sido realmente agotadora. Por un instante, se permitió hundirse en sus pensamientos, parecía que por fin las cosas estaban tomando su lugar.
El teléfono sonó, interrumpiendo sus pensamientos. Era Gael.
—Lucien, tenemos noticias —dijo la voz firme de su subordinado—. T