Adrien levantó la mirada despacio.
Tenía el rostro tenso, la mandíbula apretada, desafiante se quedó viendo a los ojos a Antonio, apenas una mueca apareció en su boca, haciendo a la vez de una retorcida sonrisa. Él no le tenía miedo en absoluto.
—No me importa lo que pienses —dijo al fin, con voz firme—. En realidad, nunca me importó, así qué, simplemente me largo de aquí.
Antonio se detuvo frente a él.
—¿Ah, no? No te importa entonces, sin embargo yo pienso, estoy completamente seguro de que t