Margaret besó la frente de su hija antes de salir. La pequeña aún estaba medio dormida, aferrada a la manta. Se quedó un segundo más observándola, como si quisiera guardarse esa imagen para el resto del día, y luego cerró la puerta con cuidado.
Tenía la agenda llena. Reuniones y un montón de negocios pendientes. El día no le daba tregua.
Bajó al parqueadero del edificio con paso firme, revisando mentalmente los puntos que debía tratar en la empresa. El taconeo resonó suave contra el concreto mi