Margaret no pudo esperar ni un par de días para ir al hospital que Adrien había señalado en los documentos que le entregó. Mientras conducía, las palabras de Lucien regresaban una y otra vez, imposibles de ignorar.
Ni siquiera sabía si también podía confiar en Adrien, si aquel sobre había sido un gesto sincero o una jugada cuidadosamente calculada. Aun así, siguió adelante.
Aparcó el auto y se quedó unos segundos con las manos aferradas al volante. Respiró hondo antes de bajar. El hospital era