El auto de Lucien se aparcó frente al mismo edificio escondido donde se había estado refugiando en las últimas semanas. No había ningún letrero, ninguna luz que delatara su verdadera función. Desde afuera parecía un bloque abandonado, nadie se imaginaba lo que verdaderamente funcionaba allí adentro.
Lucien apagó el motor, permaneció inmóvil unos segundos y recorrió el entorno con la mirada. Solo cuando confirmó que nadie lo seguía, introdujo la clave en el panel oculto. Un mecanismo silencioso