Al ver a Margaret en la puerta de la habitación, Ernesto reaccionó casi que por inercia.
Dio un paso rápido hacia ella y, con un movimiento torpe, intentó cerrar la puerta, tratando de evitar que Margaret ingresara, pero no fue tan hábil como lo intentó.
Ella fue más rápida. Extendió la mano y la apoyó contra la madera con firmeza, deteniéndolo. Se quedó mirándolo fijamente a los ojos, mientras que él, apenas desconcertado podía musitar su nombre.
—Margaret ¿Qué estás haciendo aquí?
—Ya no ti