Que comience el infierno (3era. Parte)
Al día siguiente, en la madrugada
Kazanlak
Dominic
El corazón me latía desbocado mientras sostenía a Arianna entre mis brazos, en el asiento trasero. Petar pisaba el acelerador rumbo al hospital, pero yo solo podía pensar en una cosa: que resistiera, que nada le sucediera a ella ni al bebé.
Me odié…me odié por haberla dejado sola, por no haberla escuchado. Por no protegerla. Y en medio de mi desesperación, su respiración débil me anclaba a la realidad.
—Ya estamos llegando al hospital —dijo Pet