Ecos del pasado (1era. Parte)
El mismo día
Kazanlak
Dominic
Las mujeres son indescifrables, un enigma difícil de descifrar… pero Arianna no era la excepción; era todo eso elevado a la potencia de mil. Una muralla construida con terquedad y provocación, para sumarle le encantaba enfurecerme, desconcertarme, y arrancarle una verdad era como intentar abrir la bóveda de un banco suizo: imposible.
Aun así, apelé a su sensatez para que me diera una pista, una sospecha, cualquier dato que me acercara a quien nos atacó. Pero se defendió. Y en mi experiencia, cuando alguien se defiende así, es porque sabe algo… o lo intuye.
Y por si fuera poco, la escena cambió de un segundo a otro: de sus reclamos y comentarios afilados pasamos a algo demasiado parecido a una pelea entre marido y mujer. Por eso el comentario de Milos.
Por un instante no supe si reír, gritar o besarla. Pero lo que me detuvo no fue su rechazo a la absurda idea de ser algo mío… fue eso que no dijo. Ese brillo en sus ojos que me quitó el aire y, al mismo tiem