[ZAED]
Alya duerme por fin. Su respiración es lenta, tibia sobre mi pecho. Tengo una mano en su espalda, la otra apoyada en su vientre. El silencio del departamento es tan frágil que casi temo moverme. No quiero despertarla. No después de lo que pasó. No después de cómo se quebró.
Miro el teléfono por enésima vez. La pantalla apagada. Sin mensajes. Sin respuestas. Hasta que vibra. Una vez. Corta. Fría.
El corazón me da un vuelco. Lo tomo con cuidado, como si pudiera explotar entre mis dedos.
Luan Marchesi ha respondido.
Trago saliva.
Leo:
“Si quieres hablar, será a solas. No quiero que Alya esté presente.
Dime dónde.”
Cierro los ojos un instante y es que no sé si eso es un avance… o una amenaza. Pero es una oportunidad. Y no voy a desperdiciarla.
Alya se mueve un poco sobre mí, buscando calor. Subo la manta y vuelvo a acariciar su cabello. No despierta, solo suspira, agotada.
Pienso en lo que dijo antes de caer rendida:
“No puedo vivir sabiendo que lo perdí.”
No puedo permitir que viv