[ALYA]
El impulso me arrastra hacia él antes de que pueda pensar. Esta vez no hay palabras, no hay reproches: solo existe Zaed y todo lo que hemos contenido durante años. Mi cuerpo se pega al suyo, sintiendo la fuerza de sus brazos envolviéndome, y un fuego antiguo y prohibido se enciende en mí, consumiendo cualquier pensamiento racional.
—Alya… —susurra, la voz rota, urgente—. Te necesito… ahora.
Mis manos recorren su cuello, sus hombros, su pecho, aferrándome a él como si soltarlo significara