[ZAED]
Seguimos allí. En el sofá. Ella apoyada en mi pecho. Mi mano recorriendo su espalda en un movimiento lento, casi ritmado, como si pudiera calmar el temblor de su respiración.
El silencio no pesa. El silencio abraza.
Por primera vez, no es un vacío. Es un refugio.
Alya entrelaza sus dedos con los míos, despacio, como si temiera romper ese momento. Su piel sigue fría, pero poco a poco la siento relajarse, hundirse un poco más en mí, como si se permitiera descansar.
—Zaed… —susurra después