[ZAED]
El edificio del registro civil vuelve a parecer demasiado simple para lo que estamos a punto de hacer. No hay grandeza arquitectónica ni solemnidad impuesta, no hay símbolos de poder ni mármol intimidante. Solo líneas limpias, paredes claras y una puerta que se abre y se cierra con la naturalidad de lo cotidiano. Y hoy, por primera vez en mi vida, no necesito nada más que eso.
Alya está a mi lado. Su vestido es claro, sencillo, sin excesos, sin marcas que no le pertenezcan. Su mano descansa en la mía, tibia, firme. Cuando la miro no veo a una Marchesi ni a un apellido cargado de historia y silencios; veo a la mujer que eligió quedarse, a la mujer que me eligió, a la madre de mi hijo.
—¿Estás bien? —le pregunto en voz baja.
Ella asiente con una sonrisa pequeña pero verdadera.
—Estoy tranquila —dice—. Contigo.
Eso basta.
Entramos a la sala. No hay flores exuberantes ni música solemne. Solo una mesa, dos sillas, un funcionario revisando papeles y una ventana por la que entra la lu