Capítulo 8. Voluntario
Angelo
Estaciono frente a la acera, y entro con apuro al ver que casi es hora de servir los alimentos a los indigentes de la ciudad que buscan algo qué llevar a sus estómagos vacíos.
Apenas pongo un pie dentro, todas las miradas se posan sobre mí. Nunca antes había estado aquí, así que es una reacción normal, supongo.
Una amable mujer se acerca, restregando sus manos en su delantal.
—¿Podemos ayudarle en algo, joven?
—Soy voluntario —digo colocando en mi rostro la sonrisa más cordial que pued