Capítulo 52. Enemigo
Leonardo
Despierto con un dolor punzante en la nuca. El aire es pesado, huele a óxido y a humedad. Intento moverme, pero mis brazos no responden. Están amarrados con fuerza a la silla. La mordaza me corta los labios, me impide gritar.
Parpadeo varias veces hasta que mis ojos se acostumbran a la penumbra. Estoy en un almacén oscuro. Las sombras se alargan por las paredes, y apenas puedo distinguir las siluetas de refacciones de autos apiladas en un rincón. A mi lado, cajas metálicas llenas de ar