Capítulo 30. Fugitivos
Angelo
Tres días han pasado desde que salí huyendo de casa sin mirar atrás.
Tres malditos días encerrado en este departamento que parece más una celda disfrazada de refugio. El silencio me acompaña como un perro fiel, recordándome cada segundo que soy un extraño en mi propia familia.
«Qué puta ironía», pienso al recordar que me criaron como si fuera suyo; un jodido animal que recogieron en la calle, lo bañaron, lo alimentaron, le compraron juguetes y lo entrenaron con un propósito. Pero nunca