Capítulo 31. Culpa
Angelo
El cuarto aún huele a sudor y deseo cuando Emily se envuelve en la sábana y sale de la cama; sonríe avergonzada al ver que me ha dejado completamente desnudo y, por si fuera poco, yo me dejo caer de espaldas sobre el colchón sin pudor alguno. Mi pecho sigue agitado por lo que acabamos de hacer, y disfruto observando el rubor de sus mejillas mientras recoge su ropa del suelo y comienza a vestirse con apuro, como si no acabara de hacerla mía hace tan solo un minuto.
—Vuelve aquí —digo, pal