La sala que antes era un desorden de estrepitosas risas burlonas y comentarios mordaces, quedó suspensa en un silencio sepulcral.
Eiden, al principio, no me correspondió. Mantuvo los labios tensos. Su cuerpo estaba como una estatua, incapaz de decidir por sí mismo. En vista de eso, esperé un empujón, una acción que desbordara la humillación, pero no hizo nada de eso. Al contrario, luego de que saliera por fin de su trance, subió las manos lentamente por mi cintura, uniendo la humedad de su boca