—No digas eso, Zoe. Ryan no es así.
—Sí, pero es lo que siento, amiga —se sostuvo la cabeza con ambas manos, y luego volvió a jugar con el sorbete como si fuera lo más interesante.
—A lo mejor solo le asusta el compromiso.
Asintió, no muy convencida.
Me odié por darle excusas a favor de él y por la cobardía de seguir ocultando mis propios sentimientos.
Cuando me quedé sin fuerzas en las muñecas por el apretón de manos que yo misma me daba, empecé a jalar sutilmente los dedos como medio de distr