Mi cara ardió en consecuencia.
—¡Vete de aquí! —vociferé.
—Ayling…
—No lo volveré a decir, cretino. Lárgate de aquí. —Salí detrás de la barra para encararlo más de cerca. La diferencia de estatura fue una galletada a mis mejillas. —Parece que no fui lo suficientemente clara, Eiden —señalé su pecho—. No te quiero cerca de mí.
Mi dedo tembló contra su chaqueta, pero no lo retiré. Necesitaba demostrarle que él a mí no me intimidaba. Era una locura que incluso me sintiera nerviosa ante la presencia