Capítulo dieciocho

La sonrisa que mantenía desapareció en un parpadeo de ojos. Me miró perplejo, como si acabara de decir la peor herejía, deteniendo de golpe el recorrido de sus dedos en mi piel. No me inmuté en lo absoluto; tampoco me alejé ni desvié la mirada. Quise demostrarle unas agallas que se me fueron arrebatadas desde que llegó Ryan.

—¿Clavado? —repitió en un susurro.

Con una agilidad impulsiva, rodeó mi cuello usando la misma mano con la que anteriormente acariciaba mi brazo, atrayendo mi cara a milíme
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