Capítulo veintiocho

Llegué a la universidad con veinte minutos de sobra. Los pasillos estaban llenándose del murmullo habitual de la primera hora mañanera y del sonido de los casilleros abriéndose y cerrándose.

Fui a mi casillero, a pesar de que casi no lo usaba. Prefería dejar mis cosas en mi casa o llevarlas conmigo en mi bulto que dejarlas ahí. Esta vez lo abrí porque, a poca distancia, Zoe charlaba con Ryan y me dio curiosidad escuchar lo que decían.

—No puedes negar que te gustó —susurró ella.

Él soltó una ca
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