4 de diciembre.
Breckenridge
Mackenzie Hale
—¿No responde?
La voz de mi madre me saca de mi estupor. No me giro para ver la respuesta, solo dejo que mi corazón se acelere con la expectativa que ya sé, no tiene sentido.
Si hubiera respondido, nos habríamos enterado sin necesidad de preguntar.
—No, sigo dejando mensajes en la contestadora por si él se pasa por allí —responde mi padre con la voz cansada.
Cierro los ojos y una lágrima cae. Sigo medio acostada en un sofá delante de otra chimenea. Y