La noche fue pesada para ambos.
Un Sandro que no podía olvidar a su esposa besando a aquel hombre y una Ellie que maldecía a Josías por causarle problemas.
Por la mañana ambos parecían muertos vivientes, sus ojeras y el mal humor que los acompañaba.
—Me duele la cabeza —resopló Ellie, acariciando su cráneo con las yemas de los dedos.
—A mí me duele el cuerpo, esa cama tenía un mal colchón —mencionó Sandro encorvando su espalda para estirarla y sacar la tensión que tenía allí.
Tomaron el vuelo si