La noche estaba más oscura de lo habitual, como si el cielo mismo presintiera lo que Ellie estaba a punto de presenciar. Sus pasos eran firmes, aunque su corazón titubeaba en cada latido. Sandro le había dicho que esa noche trabajaría hasta tarde en su despacho personal, en la oficina central. Que tenía reuniones importantes, que no quería interrupciones. Pero Kelly, como siempre, tenía un sexto sentido para la mentira.
—Él no está trabajando —le dijo por teléfono—. Rebeca también desapareció