La iglesia estaba perfectamente decorada, aunque a los ojos de Ellie nada tenía color, desfiló de la mano de su padre sin mirar a los invitados.
Permanecía con su cabeza inclinada, ahogando con coraje las lágrimas que ya estaban por salir.
—Es tuya Sandro —dijo su papá, a lo que Ellie sintió como si la estuviese regalando, sin embargo, luego cayó en razón, lo estaba haciendo, en realidad la estaba dando como prenda de garantía —cuídala por mí.
—Lo haré señor Albert —aseguró Sandro tomando la man